¿QUÉ VOY A SER DE MAYOR? – La Historia del Pequeño Álvaro.

Erase una vez no hace tanto tiempo, un niño llamado Álvaro que vivía junto a su familia en la calle principal del pueblo. El abuelo, el papá y la mamá de Álvaro trabajaban desde el comienzo de la primavera hasta que finalizaba el verano haciendo riquísimos helados y horchatas que luego vendían en la heladería familiar. Sus helados tenían una gran fama en el pueblo, pues la mayoría de sus habitantes coincidían en que tenían sabores y texturas maravillosos.

Una tarde de verano, el pequeño había invitado a merendar a uno de sus mejores amigos a la heladería. Álvaro bebía una horchata fresquita mientras que su amigo tomaba un barquillo de chocolate, estaban muy contentos y con ganas de terminar la merienda para ir a jugar a la plazoleta.

Pero antes de terminar la merienda, el buen amigo de Álvaro le dijo muy sonriente:

– ¡Ya sé en qué voy a trabajar cuando sea mayor!

Álvaro, que quería saber que era ese trabajo que tanto animaba a su amigo no pudo evitar preguntarle al respecto, a lo que su amigo siguió añadiendo:

– Yo de mayor voy a ser policía, igual que mi vecino. Capturando a los malos, ganando una fortuna y siendo un héroe. ¡Es el mejor trabajo de todos!… Y Álvaro, ¿Que vas a ser tú de mayor?

Quedó asombradísimo con la pregunta que le estaba haciendo su amigo, pues Álvaro aún no lo había pensado. Todavía no sabía que quería ser de mayor, y viendo lo alegre que estaba su amigo pensó que debería de decidirlo rápido.

– No lo sé, aún no lo he pensado… – dijo algo tímido.
– No te preocupes, seguro que aún tienes unos días para pensarlo.

Esa misma noche, Álvaro llegó a casa y se dispuso a ayudar a su papá y su mamá con la elaboración de las cremas de los helados, tal y como hacía la mayoría de los días. Pero el niño estaba más serio y cabizbajo de lo habitual. Algo le preocupaba.

– ¿Te encuentras bien? – le preguntó mamá.
– Si… bueno… – contestó.
– ¿Solo bueno? Cuéntame lo que te pasa, que seguro puedo ayudarte.
– Mamá, es que mis amigos ya saben lo que van a ser cuando sean mayores, pero yo no…

– ¿Y eso es lo que te preocupa? Aún eres joven para saberlo, pero puedes fijarte a lo que se dedican las demás personas y decidir. Y cuando tengas claro a lo que quieres te quieres dedicar cuando seas adulto, solo tienes que estudiar y trabajar mucho para para conseguirlo. – explicó mamá en un tono muy comprensivo.

A la mañana siguiente Álvaro seguía pensando y pensando sobre cuál sería el mejor trabajo para él. Y como seguía sin tener ninguna idea, decidió salir a pasear por el pueblo observando lo que hacían el resto de los vecinos.

Primero, en el puesto de prensa que había cerca de la heladería pudo ver como una señora vendía revistas y periódicos. Parecía un buen trabajo, pero era un puesto demasiado pequeño para estar todo el día.

Siguió caminando por la calle principal dirección a la plaza del pueblo, pero antes hizo una parada para observar al señor banquero, el cuál vestía elegante y había llegado al trabajo en un coche que parecía costar mucho dinero. Eso le gustaba a Álvaro, pero entonces vio la cantidad de personas y de papeleos que le esperaban y decidió seguir buscando.

Durante su paseo observó también al cartero que trabajaba llevando las cartas en verano pero también en invierno con frío y bajo la lluvia, a un albañil que arreglaba un tejado bajo el caluroso sol del medio día, a una dependienta doblando sin parar prendas de vestir, al carnicero cortando la carne y a otros muchos trabajadores. Pero Álvaro no se sentía identificado con ninguno de ellos. Seguía sin saber en qué trabajaría de mayor y esto le seguía apagando su sonrisa.

Al final de su caminata por las calles cercanas a la heladería decidió volver con su familia, pues era la hora de ayudar a cocinar los deliciosos helados que allí se vendían. La verdad que Álvaro, para su joven edad, los hacía casi tan ricos como los de su abuelo y su papá. En la fabricación de los helados y horchatas nuestro protagonista se sentía feliz olvidando por un rato pensar en qué trabajaría cuando fuera mayor o en cualquier otra cosa que le rondase por la cabeza. Ayudaba y sonreía.

Enseguida, su mamá que lo estaba observando desde la puerta de la sala, le animó diciéndole:

– Me alegro que seas tan feliz haciendo los helados.

Entonces Álvaro, comprendió que la mayoría de las respuestas se encuentran delante de nuestros ojos aunque no las sepamos ver. Lo había tenido delante todo este tiempo, asique sonrió y corrió hasta donde estaba su mamá para darle un abrazo, mientras decía:

– Mamá, ya sé que voy a ser de mayor. ¡Voy a ser Heladero!

Y colorín colorado,
vamos a comer un helado.

Así fue, como el pequeño Álvaro empezó a trabajar duro
hasta convertirse en uno de los mejores
Maestros Heladeros de nuestra ciudad..



  Dedicado a Álvaro Bernabeu en el día de su cumpleaños, por tantas veces que soñó ver su realidad hecha historia, hecha un cuento.

Vivir con la Maleta

Vivir con la Maleta

Por esos días en los que te gustaría volver a vivir cada uno de los viajes recorridos… por esos días que te gustaría un rencuentro con personas que jamás has vuelto a ver… por esos días que se echa de … Sigue leyendo

Del Sueño a la Realidad.

 ANITA
Del Sueño a la Realidad

 

Erase una vez una niña de 8 años llamada Anita.  Ella tenía unos ojos grandes,  una sonrisa tímida, el cabello tan largo como ondulado y su cuerpo era alto y delgado, más que el de otras niñas de su edad.

 

Muchas mañanas, tras tomar el desayuno de leche con cacao y galletas, subía hasta su dormitorio imaginando y soñando con  hadas, princesas y mundos encantados.  Cada escalón que subía camino de la planta de arriba de la casa (donde estaba su dormitorio), más le hacía imaginar cosas nuevas y maravillosas, hasta que finalmente,  llegaba a su escritorio, agarraba la mochila para irse a la escuela y dejaba de soñar despierta.

 

Iban pasando los días, incluso semanas,  mientras que  la pequeña Ana era cada vez más soñadora  y las historias llenas de fantasía seguían recorriendo muchos de sus ratos de juego.  Cada mañana seguía imaginando aventuras llenas de magia y diversión que terminaban cuando llegaba el momento de marchar a la escuela. Pero un día, después de su desayuno, se puso frente al nuevo escritorio  que le habían regalado para su cumpleaños, mirándolo fijamente.  Encima del escritorio había un cuaderno en blanco y un lápiz de punta afilada.

 

Unos minutos después Anita seguía mirando el escritorio, el cuaderno y el lápiz.  ¡Y Comenzó!  Agarró el lápiz, se acomodó en la silla y comenzó a mover sus manos.  Escribía y escribía sobre el folio: sus aventuras, sus sueños.

 

 –        ¡Anita! ¡Date prisa que vas a llegar tarde al colegio! – se escuchó decir a su mamá –

Esta niña parece que vive en las nubes…

 

 

Entonces la niña no tuvo más remedio que parar, dejando su escritura sin terminar.  Agarró su mochila y  caminó rápido hasta la escuela.

Al día siguiente,  merendó el vaso de leche de un solo trago, subió las escaleras muy rápido y continuó escribiendo.  Seguía en el mismo cuaderno y con el mismo lápiz, pero una vez más no pudo terminar de escribir todo lo que ella quería.  Su hermano mayor la había interrumpido para que hiciera la tarea de la escuela, que también era importante.

 

  –        Anita, tienes que hacer los deberes del cole.

¡Que siempre estas soñando! – dijo el niño.

 

 

Anita no se rindió, y siguió escribiendo un día, y otro, y otro, y otro más… y por fin sucedió.  Había terminado de escribir. Había puesto el punto y final.

 

¡Era un Cuento!

 

 

Se lo enseñó a mamá, después a papá y a su hermano, quienes quedaron sorprendidos con la historia tan divertida que había escrito la pequeña.  Después, se lo enseñó también a algunos amigos del cole y a sus primos, que también quedaron encantados y sonrientes con la bonita historia de Anita.

 

¡Había escrito un Cuento Maravilloso!

 

 

Pero ese cuento era más que una simple aventura en papel. Era la imaginación y los sueños de Anita que además habían servido para sacar la sonrisa de muchos, y de ella misma.  Después de eso, Anita siguió escribiendo pequeñas historietas y grandes aventuras, practicando cada día hasta que se hizo mayor, y se convirtió en la mejor escritora moderna de la ciudad,   del país y del continente entero.

 

Porque cuando trabajas un día, y otro, y otro, y otro, y otro más…

por conseguir aquello que deseas,

al final, se hace   REALIDAD.

 

 Este cuento fue escrito hace unos días para Ana Escudero, como un regalo especial en el día de su comunión.   Espero que Ana siempre siga luchando por sus sueños.    =)

En el Coche de Mi Papá

 

Vamos de viaje

En el coche de mi papá

Voy atrás sentada,

Con el cinturón bien apretado,

 Si miró a un lado veo el campo

 y también el ganado.

Si miró al otro lado,

 Veo otros coches pasar,

Algunos son más rápidos

 Pero a mí eso me da igual.

También veo camiones,

Grandotes y con cabina.

 Y alguna que otra moto

Paseando sin prisa.

Si me asomo por la ventana

Y miro hacia el cielo,

Veo una avioneta pasar

Con su ondulante vuelo.

También pasa un avión,

Más  veloz que un gorrión,

Se nota que va muy alto

Y no lo agarras ni de un salto.

Detrás va un autobús,

Cargado de pasajeros,

Irán a divertirse todos

Como en la excursión del colegio.

Veo a señores mayores

Saludando por las ventanas,

Uno agita su garrota

Y de reír me entran ganas.

¡Qué divertido es viajar,

En el coche de mi papá!

La Señorita Anne