Menos Whatsapp y Más Momentos que nos dejen Sin Aliento.

Para muchas parejas despedirse cada noche vía Whatsapp se ha convertido en un ritual,  mandando un  icono en forma de corazón o de beso con el supuesto significado de “te quiero”,  lo cual ni si quiera se atreven a escribir con todas las letras (piensa en los “tq” y “tk” que aún reciben miles de personas).  Se mandan fotos, grabaciones, iconos e incluso los más románticos canciones que le recuerdan a la otra persona. Pero, ¿Dónde quedan los momentos inesperados? ¿Dónde están esos instantes que hacen latir rápido nuestro corazón y agrandan nuestra sonrisa?.   Seguro que no soy la única que empieza a encontrar patético que se sustituyan las largas conversaciones en cualquier esquina por una conversación por chat,  que parejas  que se escriben cada cinco minutos puedan estar dos días sin verse ni echarse de menos, que las decisiones más importantes se tomen con un móvil en la mano, que hablar se convierta en escribir, escuchar en leer y  los pensamientos en cualquier nick o estado.  Que simplemente un abrazo fuerte se sustituya por… ¡NADA! (aún no han inventado un icono para abrazar aunque no creo que tarden).

Las tecnologías,  aplicaciones y  redes sociales deben ser un complemento a nuestro día a día, y también como no, a nuestra forma de expresar cariño a otra persona.  Sin embargo, no debemos olvidar que los momentos que más merecen la pena son aquellos vividos e inesperados.  Esos en los que nos dejamos llevar sin tenerlo todo medido y hablado por Whatsapp.   Pensar cualquier sorpresa que os haya hecho feliz alguna vez, que todavía al recordarla os haga sonreír.   Pensar en cosas como una visita sorpresa, esa foto dedicada de los dos encima de la cama, que esa persona especial vaya a recogeros  a la puerta del trabajo sin avisar,  que se presente de madrugada en la puerta de  casa diciendo que no puede  dormir sin ti, que  susurre una canción al oído  o simplemente pensar en ese día cuando al final de un beso te lo devolvió   tan  fuerte que parecía que no os despegaríais jamás.  Más sencillo aún, pensar en alguien que dice los “Te quiero” en los momentos de intimidad, o mejor todavía si no necesita hablar… ¡lo dice con la mirada!.

Pensar en esos, o en vuestros propios recuerdos de instantes que se paralizaba la respiración.  Sonreís, ¿verdad?.  Eso es porque merecieron la pena.  Si ya habéis caído en la rutina buscarlos, crearlos y vivirlos porque no vendrán de la nada. Y seguro que si dejáis sin aliento a la otra persona,  antes o después, será ella quien os devuelva esos pequeños instantes de felicidad.

Este otoño menos iconos con corazones, y más momentos que nos  dejen sin aliento.

Anne.